viernes, 4 de mayo de 2018

Capítulo 2. ¡Corran!


Teníamos que salir de ahí… ¡Todos!
No dejaríamos a ninguno atrás -herido o muerto-
sin embargo… ya no teníamos alternativas, ni tiempo.



"Por los clavos de Cristo ¡que no veo!"
Susurraba el soldado mal herido.
El doctor parecía confundido
y buscaba quitarnos el mareo

del temor de la rabia y la impotencia.
De pronto nos cubrimos con maleza
las botas, uniforme y la cabeza
con afán de escapar de una sentencia

dictada por cobardes de escritorio.
Amparados por ruidos ferroviarios
nos cambiamos por "lobos esteparios"
y arrastramos el muerto a su velorio,

los heridos a donde se pudiera
y los indemnes lejos de metrallas.
No pensamos en glorias ni medallas...
mas bien en el valor de quien valiera.

Sobrevivimos un día… en un lugar cualquiera.

Jorge de Córdoba

Capitulo 2. Vienen tras nosotros


Buscamos que el sigilo fuera nuestro aliado,
para alejarnos de las casas...

Los suministros fueron agotados
y la sangre empapaba a mis soldados.
Retirarnos no fue una alternativa
y la noche perece convulsiva.

Cargamos bayonetas y cuchillos
ocultos tras el canto de los grillos.
En un intento vano de cautela
andamos por el borde, en la parcela.

Los sicarios siguieron nuestras huellas
delatando sus tiros y centellas.
Tropezaron por necios e inexpertos
igual que mercenarios de pubertos.

Al dispararnos mostraban sus posiciones,
siendo vulnerables a nuestras respuestas.