viernes, 4 de mayo de 2018

Capítulo 2. ¡Corran!


Teníamos que salir de ahí… ¡Todos!
No dejaríamos a ninguno atrás -herido o muerto-
sin embargo… ya no teníamos alternativas, ni tiempo.



"Por los clavos de Cristo ¡que no veo!"
Susurraba el soldado mal herido.
El doctor parecía confundido
y buscaba quitarnos el mareo

del temor de la rabia y la impotencia.
De pronto nos cubrimos con maleza
las botas, uniforme y la cabeza
con afán de escapar de una sentencia

dictada por cobardes de escritorio.
Amparados por ruidos ferroviarios
nos cambiamos por "lobos esteparios"
y arrastramos el muerto a su velorio,

los heridos a donde se pudiera
y los indemnes lejos de metrallas.
No pensamos en glorias ni medallas...
mas bien en el valor de quien valiera.

Sobrevivimos un día… en un lugar cualquiera.

Jorge de Córdoba

Capitulo 2. Vienen tras nosotros


Buscamos que el sigilo fuera nuestro aliado,
para alejarnos de las casas...

Los suministros fueron agotados
y la sangre empapaba a mis soldados.
Retirarnos no fue una alternativa
y la noche perece convulsiva.

Cargamos bayonetas y cuchillos
ocultos tras el canto de los grillos.
En un intento vano de cautela
andamos por el borde, en la parcela.

Los sicarios siguieron nuestras huellas
delatando sus tiros y centellas.
Tropezaron por necios e inexpertos
igual que mercenarios de pubertos.

Al dispararnos mostraban sus posiciones,
siendo vulnerables a nuestras respuestas.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Capítulo 2. Debemos evacuar



El quedarnos ya no es alternativa.

Se escuchan disparos en la lejanía… al igual que voces de arenga. Si continuamos aquí destruirán a la población entera.

Con nuestra necedad les expusimos

y familias enteras son señaladas
por bandas mercenarias mal pagadas
que fueron engañados con los timos

de personas lejanas y cobardes
que fueron estafados por terceros
mandándolos al fuego cual corderos
en pago por sus días, noches, tardes.

Es posible que dentro de la bruma
podamos retirarnos, por lo menos
para poner distancia y ya serenos,
prepararnos ocultos por espuma.

Necesitamos sorprenderlos y trabar combate alejados de las casas y pobladores. Sin embargo el reloj ni el clima están de nuestra parte.

martes, 23 de agosto de 2016

Capítulo 2. Supervivencia



En un momento
de engañosa tranquilidad.

Es preciso atender a los heridos. Nuestros cirujanos yacen muertos. Solo algunos conocen lo básico de primeros auxilios. Debemos reabastecernos.

Los camaradas niegan su dolor

y restañan sus propias hemorragias.
El tiempo se evapora, es el factor
que aparta la victoria o las desgracias.

 Los refuerzos precisan muchas horas
para encontrarnos dentro de la jungla.
Se aproximan despacio las señoras
del pueblo, a compartir gasas y agujas.

 Los niños nos acercan la comida
que sus madres preparan en secreto.
Son ellas las que salvan nuestra vida
regresando a sus casas y su rezo.

 Tendremos otra noche de combate...
pospondrán, otra vez, algún rescate.

El día pasa demasiado rápido. Apenas tenemos tiempo de despojar a los caídos de municiones. Quedamos de pie solamente seis… no pudimos retirarnos.

lunes, 22 de agosto de 2016

Capítulo 1. ¡Son niños!



Nuestras ordenes:
Derribar a tantos como se pueda
con el mayor ahorro posible de pertrechos.

Apuntamos a las figuras que se acercan… están armadas. Se escucha el corte de cartuchos y el roce de metales. Apenas vemos sus rostros… ¿Pero…? ¡Si son niños!

Este mundo confundido
tiene al padre contra el hijo.


Los soldados son infantes
portando muerte en sus manos.
Pertenecen a ciudades
con sistemas harto raros.


No podremos detenerles
sin lanzarles al infierno
También, parecen ausentes,
en un país inconvexo.


Intercambiamos miradas
¡No sabrán de nuestras balas!

Tendremos que pararles con la razón… hacerles entender que tienen una salida. No queremos ser verdugos de mozalbetes que, sin embargo, quieren matarnos.