sábado, 20 de agosto de 2016

Capítulo 1. El ruido



Los clamores no importan;
las agonías son lo de menos…
estamos pendientes a otros sonidos.

Los casquillos rebotando en el cemento, es un sonido más aterrador que las mismas percusiones… estamos ensordecidos a los ayes de dolor. ¡Qué dios nos perdone!

 
En las voces de quejidos
reconoces los amigos.


De frente a lo inevitable
entregan las municiones
y su agua en el envase
a los otros tiradores.


Los heridos se repliegan
sujetando las rodillas.
Los amantes que se besan
en ofrendas de sus vidas.


La sorpresa es la ventaja
y ¡este tiempo que no pasa!


El hedor de carne quemada es insoportable y sin embargo es el indicio de que, por lo menos, funcionan nuestros sentidos.

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