jueves, 18 de agosto de 2016

Capítulo 1. En la pesadilla



Soy un soldado. Un elegido
de entre tantos para no regresar.

Más que la sensación de frío, es el sonido del vaho pegándose en mis mejillas al condensarse en un estado que poco le dura, pues la humedad pasa de líquido a sólido antes de pensarlo.

¡Escuchen mis herederos!

Sembremos la duda y celos.

Aprendimos del prelado
la falsedad, la discordia.
Lo que pagamos tan caro
hoy cobramos su valía

¡Qué no duerman en su paz
y conozcan la vendetta!
Que se ahoguen en el mar
de su errata sin cabeza.

Sus temores, nuestras armas:
¡Cortarán sus propias alas!

Las arengas no se detienen y las armas ya no pesan… es nuestra oportunidad.

Si provocaron esta guerra… la vivirán en sus casas, en sus huesos.

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