miércoles, 17 de agosto de 2016

Capítulo 1. Apuntes



Perdóname, mi hermano, por darte esperanzas
cuando la misma muerte sostenía tu mano.

Debimos matarla... debimos gritarlo.

Se escuchan cual sonidos de acompañamiento. Son voces que crecen; que lamentan, que golpean y perecen… sin embargo son tenazmente apabullantes:

   Soy el amo de tu miedo
   de la rabia; de tus celos...

   Perteneces a mi grey
   por tu falta de cadencia
   y lo ambiguo de tu fe...
   hoy se escribe la tragedia.

   ¡Ven! Esclavo de tus miedos.
   Escucha nuestras acciones
   y mécete los cabellos
   hasta el final de los soles.

   Tus temores me convidan
   a los fríos que se avisan.



Como si clamaran por atención, a la vez que se esconden entre los pedruscos a la orilla del camino mientras gritan: “Aquí estoy. ¡No me mires!”

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